Tanto que parecía perderse entre la neblina de tu respiración, tanto que parecía estar a la deriva del oleaje de tu aliente dulce, tanto, tanto.
Esas gotas que caían de la fricción de tu piel y la mía, de tu alma y la mía. Tantas, tantas gotas que formaron un río que corría por tu espalda y desembocaba en mis caderas...
Todo ese humo que salía de nuestras bocas y del cigarrillo que compartimos en ese sillón.
Tanto, tanto, tan excedido todo que terminó por quemarnos y destruirnos, por dejarnos hechos cenizas que volaron con la primera ráfaga, alejándonos, enredándonos en los cabellos de otros enamorados.
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