sábado, 8 de mayo de 2010

Thieves are more like us than what we use to think

Y le apuntó con la pistola, y se quedó mirándola, notando como los ojos de ella se contraían del miedo y cómo las aletas de la nariz se abrían y cerraban más rápidamente que hasta hace unos minutos. Y luego vio que los labios de ella se fruncían en un pedido de piedad, mientras que sus pupilas imploraban redención.
Y no pude matarla, ni mucho menos asaltarla.
La besé, y me devolvió el beso.

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